RESUMEN
El presente Trabajo muestra la importancia de la
evalucion de comptencias , misma que dentro del proceso enseñanza aprendizaje
ayudan al estudiante y porfesores a nivel de educacion superior adquirir nuevas
formas de pensar, nuevos hábitos y nuevas formas de relacionarse para conseguir
los objetivos curriculares.
Modficando de esta manera lo que implica una enseñanza
tradicional centrada exclusivamente en métodos expositivos y en contenidos
teóricos, a un profesor debe ahora planificar, organizar y evaluar el proceso
de enseñanza y aprendizaje de manera integrada con el estudiante, a quien
tutela, orienta y guía a través de actividades diversas.
Buscando llegar o abordar una pedagogía multidireccional y
diferenciada que posibilite al estudiante el desarrollo de competencias tanto
cognitivas como sociales, con las que haga frente de forma efectiva a los
diversos problemas actuales y futuros y de esta manera pueda satisfacer
demandas complejas con coherencia y responasbilidad.
1.- Concepto y
enfoques de competencias
Según
Tobón que menciona que:
“… el enfoque de las
competencias posibilita una serie de elementos para gestionar la calidad de la
formación desde el currículum, lo cual se concretiza en el seguimiento de un
determinado modelo de gestión de la calidad, que asegure que cada uno de sus
productos (perfiles, mallas, módulos, proyectos formativos, actividades de
aprendizaje, etc.) tenga como mínimo cierto grado de calidad esperada, lo cual
implica tener criterios claros de la calidad, sistematizar y registrar la
información bajo pautas acordadas, revisar los productos en círculos de
calidad, realizar auditorías para detectar fallas y superarlas… “
Es evidente que el lenguaje empleado
por el autor denota su adscripción a un enfoque de las competencias de corte
netamente empresarial.
Por
su parte, Laura Frade, al referirse a la evaluación del desempeño, afirma que
ésta “implica que tengamos dos pies cuando evaluamos, la evaluación formativa
(de proceso) y la evaluación sumativa (de producto)”, lo que indica que las
concibe como dos modalidades de evaluación separadas una de la otra y no como
parte de un proceso integrado. Más adelante, al hablar de las características
de lo que ella denomina evaluación del desempeño literalmente afirma:
La evaluación es
objetiva ¿qué quiere decir objetiva?, que va a depender de instrumentos que me
permitan identificar lo real, lo que existe, independientemente de la
subjetividad, o sea yo no puedo evaluar aquello que es subjetivo ¿sí?, aquello
que depende de mi propia interpretación, “¡ay!, me cae gordo, es mala onda,
pues le pongo cinco”, no, yo tengo que evaluar lo objetivo, lo que se ve, lo
real…
Estas palabras denotan que ella
confunde calificación con evaluación, y subjetividad con arbitrariedad. Su
rústica noción de la evaluación del aprendizaje al más puro enfoque conductista
nos retrotrae a un lenguaje de décadas pasadas teóricamente superado.
La
escuela del siglo XXI debe transitar de un modelo de pedagogía unidireccional
centrado en la figura del profesor, cuya tarea principal ha sido la transmisión
de conocimientos, hacia una pedagogía multidireccional y diferenciada que
posibilite al alumno el desarrollo de una constelación de competencias tanto
cognitivas como sociales, con las que haga frente de forma efectiva a los
diversos problemas actuales (y futuros) caracterizados por ser abiertos, no
estructurados y contradictorios, propios de la posmodernidad.
Una
competencia incluye la capacidad para satisfacer demandas complejas, poniendo y
movilizando recursos psicosociales; por ejemplo, la capacidad para comunicarse
efectivamente es una competencia que podría extraer del individuo un
conocimiento del lenguaje, habilidades prácticas de informática y actitudes
hacia aquellos con los que se comunica.
Las
competencias se aprenden, se construyen en el tiempo, no son algo dado, innato
y estable. Tampoco son un patrimonio exclusivo de la escuela, hay algunas que
atañe promover a otros agentes e instituciones sociales.
NO
EXISTEN COMPETENCIAS SIN CONOCIMIENTOS.
Toda
competencia implica una movilización de saberes. Si alguien posee conocimientos
sobre un asunto, pero es incapaz de usarlos, se dice que no es competente. En
cambio, alguien sí lo es cuando “aprende a hacer” algo y, además, es consciente
de “por qué y para qué” lo hace (aprende a conocer) y puede comunicarlo de modo
efectivo.
Un sujeto competente, entonces, es
alguien que identifica varias opciones de respuesta y, además, sabe elegir el
esquema de actuación correcto para resolver de forma efectiva y oportuna la
situación-compleja que se le presenta, sea en su vida personal, social y
laboral o profesional (Denyer,
Furnémont, Poulain et al., 2007; Zabala y Arnau, 2008). Esta respuesta no puede
ser simple ni mecánica o rutinaria, necesariamente tendrá que ser compleja,
holística e integral, como lo son los problemas de la vida real (Rychen &
Hersh, 2001 y 2006).
El sujeto competente debe responder
empleando “toda su humanidad” y hacer una lectura correcta del contexto, porque
las competencias siempre ocurren en un contexto (temporal y espacial)
determinado y es sólo en ese marco que se pueden desarrollar y potenciar.
El concepto de competencias conlleva
saber y saber hacer, teoría y práctica, conocimiento y acción, reflexión y
acción; esto representa un cambio en el enfoque del conocimiento: del saber qué
al saber cómo.
En la práctica, esto desplaza el peso del currículo de los principios, del
marco conceptual, a los métodos. Sin duda que el método es importante, pero no
deja de ser mera cuestión técnica, variable dependiente de los principios y del
marco conceptual, que le dan, dentro de la estructura que representa el
currículo como un todo, sentido y significado (Álvarez, 2008).
2.- INTERPRETACIONES DEL CONCEPTO DE EVALUACIÓN.
Conviene aclarar dos diferentes usos del concepto de evaluación que tienden
a confundirse en el campo de la educación. Por
un lado puede entenderse como evaluación de los estudiantes. Por otro lado, podemos
entenderlo como evaluación del programa educativo en sí o de la institución
universitaria globalmente considerada.
En la evaluación de los estudiantes interesa saber los resultados
individuales; con nombre y apellido. Su función más usual es la de asignar
calificaciones a cada estudiante y decidir si avanzan o deben repetir el curso.
3.- EVALUACIÓN DE COMPETENCIAS DE LOS
ESTUDIANTES
La función de la evaluación de los estudiantes que nos parece más valiosa
no es la de calificar y aprobar o reprobar sino ofrecerles retroalimentación. La evaluación, cuantitativa, cualitativa o mixta es el medio por el cuál
el profesor o los compañeros le hacen saber a un estudiante cómo va y qué es lo
que tiene que corregir. Tiene poco sentido decírselo cuando ya no puede
corregir, al final del curso.
La evaluación
en la ctualidad debe ser formativa, centrada tanto en procesos como en
productos, que considera la complejidad del aprendizaje; por tanto, prevé
distintos contenidos y los valora empleando diversas técnicas e instrumentos:
proyectos, resolución de problemas, estudio de casos, ensayos, reportes de
investigación, presentaciones orales, portafolio de evidencias, rúbricas,
exámenes, entre otros, así como diversas modalidades de evaluación:
autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación.
4.- TIPOS DE
COMPETENCIAS.-
Podemos mencionar los siguientes tipos de competencias realcionados a los
estudiantes.
COMPETENCIA
EN COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA: La adquisición de esta competencia supone que el
estudiante es capaz de utilizar correctamente el lenguaje tanto en la
comunicación oral como escrita, y asimismo saber
interpretarlo y comprenderlo en los diferentes contextos. Debe permitir
al alumno formarse juicios críticos, generar ideas y adoptar decisiones. En el
caso de lenguas extranjeras, significa poder comunicarse en alguna de ellas de
modo que se enriquezcan las relaciones sociales y favorezcan el poder
desenvolverse en contextos diferentes.
COMPETENCIA
MATEMÁTICA: Supone poseer habilidad para utilizar y relacionar
números, sus operaciones básicas y el razonamiento matemático para interpretar
la información, ampliar conocimientos y resolver problemas tanto de la vida
cotidiana como del mundo laboral
COMPETENCIA
EN EL CONOCIMIENTO Y LA INTERACCIÓN CON EL MUNDO FÍSICO: Es la
habilidad para desenvolverse de forma autónoma en distintos ámbitos como la
salud, el consumo o la ciencia, de modo que se sepa analizar, interpretar y obtener
conclusiones personales en un contexto en el que los avances científicos y
tecnológicos están en continuo desarrollo.
TRATAMIENTO
DE LA INFORMACIÓN Y COMPETENCIA DIGITAL: Esta
competencia se refiere a la capacidad del alumno para buscar, obtener, procesar y
comunicar información y trasformarla en conocimiento. Esto supone
habilidad para acceder a la información y transmitirla en diferentes soportes,
así como hacer uso de los recursos tecnológicos para resolver problemas reales
de modo eficiente.
COMPETENCIA
SOCIAL Y CIUDADANA: Entre las habilidades de esta competencia se incluyen
el conocerse
y valorarse, saber comunicarse en diferentes contextos, expresar
las ideas propias y escuchar las ajenas, comprendiendo los diferentes puntos de
vista y valorando tanto los intereses individuales como los de un
grupo, en definitiva habilidades para participar activa y plenamente en la vida
cívica.
COMPETENCIA
CULTURAL Y ARTÍSTICA: Esta competencia se refiere a la capacidad de conocer,
comprender, apreciar y valorar críticamente las distintas manifestaciones
culturales o artísticas, así como saber emplear algunos recursos de la
expresión artística para realizar creaciones propias.
COMPETENCIA
PARA APRENDER A APRENDER: Se refiere al aprendizaje a lo largo de la vida,
es decir a la habilidad de continuar aprendiendo de manera eficaz y autónoma
una vez finalizada la etapa escolar. Esto implica, además de tener conciencia y
control de las propias capacidades y conocimientos y estar debidamente
motivado, el saber utilizar adecuadamente estrategias y técnicas de estudio.
AUTONOMÍA E
INICIATIVA PERSONAL: Responsabilidad, perseverancia, autoestima,
creatividad, autocrítica o control personal son algunas de las
habilidades relacionadas con esta competencia, unas habilidades que permiten al
estudiante tener una visión estratégica de los retos y
oportunidades a los que se tiene que enfrentar a lo largo de su vida y
le facilitan la toma de decisiones.
5.- COMPETENCIAS DEL PROFESOR UNIVERSITARIO PARA EL
DESEMPEÑO DE SU NUEVO ROL.
Es evidente que la adopción de la propuesta pedagógica
de la Educación Superior exige repensar y replantear el nuevo rol del profesor
universitario, que ahora se convierte también en orientador y tutor. Y también
el rol del alumno, conjuntamente, dadas las características del sistema. Y esto
es así por más que algunos profesionales no quieran, no puedan o no sepan aceptarlo
o llevarlo a cabo.
Siguiendo a Cano (2005), a continuación presentamos
una comparativa entre las características de los procesos de enseñanza y
aprendizaje.
|
ANTES
|
AHORA
|
|
el
profesor enseñaba para adquirir contenidos
|
enseña
para aprender
|
|
el
alumno desarrollaba conocimientos
|
desarrolla
competencias
|
|
el
alumno aprendía escuchando
|
aprende
haciendo
|
|
los
apuntes constituían la única fuente
|
son
sólo una guía orientadora
|
|
la
información la manejaba sólo el profesor
|
también
el alumno
|
|
la
clase magistral era la única forma de enseñar
|
se
genera saber
|
|
el
alumno estaba solo ante el aprendizaje
|
coopera con otros formando grupos
|
|
el
profesor dirigía a los alumnos
|
les
orienta
|
|
la
evaluación era sumativa y final
|
es
formativa y de proceso
|
|
la
metodología era sólo expositiva y textual
|
es
activa y multimedia
|
|
el
profesor era egocéntrico
|
parte
del alumno
|
|
existía
limitación metodológica
|
existe
una gran variedad
|
|
el
profesor innovaba a saltos
|
lo
hace continuamente
|
|
se
insistía y persuadía para memorizar
|
se
piensa en resultados
|
El profesor universitario también se convierte ahora
en un tutor de la materia que gestiona, en el marco del proceso de enseñanza y
aprendizaje que dirige. Y en un orientador para el desarrollo de las
competencias para la profesión y para la vida, en cooperación con otros
profesores y con los responsables del servicio de orientación. Esto no quiere
decir, en absoluto, que el profesor deba ser paternalista con todos los
alumnos, o que deba hacer un trabajo que les corresponde a ellos. Tampoco un
ser autoritario que enseña con “mano dura” a todos por igual, típico de épocas
pasadas. En unos casos deberá ser más dirigente e iniciador, y en otros deberá
ser más permisivo, siempre dadas unas circunstancias, unas situaciones y unos
perfiles de estudiantes. Y todo ello al margen de los gustos y preferencias del
profesor y de su forma de ser, y siempre porque eso que hace sea lo que
corresponda hacer.
El profesor
referente a la EVALUACION debera elaborar: Una prueba de evaluación inicial para comprobar los conocimientos previos o el
dominio de los objetivos de la unidad, siempre referidos a las competencias
(saber, saber hacer y saber ser y estar). Se deberán incluir los criterios de
evaluación para determinar las actividades que cada alumno realizará.
6.- Consideraciones para un modelo evaluativo.-
Todo
modelo de evaluación debe prever al menos los siguientes elementos: qué,
cómo, cuándo, quién, para qué, por qué y qué hacer con los resultados.
El qué, el cómo y el cuándo de la evaluación están establecidos, habitualmente,
en el currículo formal; no ocurre lo mismo con los otros componentes del
modelo, sobre todo se soslaya por qué evaluar y qué hacer con los resultados de
la evaluación. Es más, lo acostumbrado es que ni siquiera se planteen estas
cuestiones y, en caso de hacerlo, la respuesta suele ser banal.
Sin
embargo, estos dos elementos son medulares y demandan del docente una postura
crítica respecto a su tarea de evaluador. Ante la pregunta ¿por qué evaluar?,
una respuesta superficial sería: porque es una exigencia institucional, ya que
el sistema educativo requiere evidencias del rendimiento académico del alumno,
las cuales se expresan mediante las calificaciones que se le otorgan. No
obstante, esta no es la respuesta que cabría esperar de un profesor que asume
su papel como un profesional comprometido con el aprendizaje de sus alumnos;
parece más bien la contestación de alguien interesado en satisfacer las
exigencias de rendición de cuentas del aparato burocrático administrativo. Una
cuestión central que todo docente debería plantearse es: ¿al servicio de quién
está la evaluación que practico? Una respuesta honesta le dará algunas pistas
del por qué y para qué de la evaluación que realiza y, sobre todo, si ésta
guarda alguna posibilidad de contribuir a enriquecer los logros de aprendizaje
de sus alumnos.
En
cuanto a la pregunta: ¿qué hacer con los resultados de la evaluación?, los
datos son usados, generalmente, para informar y servir a intereses que están
fuera de la escuela, con lo que se pierde la oportunidad de hacer de la
evaluación un medio que contribuye a la mejora de la enseñanza y el
aprendizaje. Otra cuestión nodal que el profesorado debería formularse es:
¿quién se beneficia de los resultados de la evaluación que practico? Es
evidente que estas preguntas tienen fuertes implicaciones éticas que ningún
docente como evaluador debería ignorar (Santos y Moreno, 2004; Moreno, 2011).
7.- CONCLUSIONES.-
La evaluación
educativa, se caracterizada por un afán excesivo por medir los productos de
aprendizaje descuidando los procesos; por atender primordialmente
contenidos de corte cognoscitivo; centrada en el profesor como protagonista del
proceso enseñanza-aprendizaje.
Se
dice que Nadie puede adquirir las competencias por otro; porque sólo mediante su
actuación “en contexto” el sujeto puede demostrar el grado de dominio que posee
de las competencias logradas.
Hay
que transitar de una evaluación del aprendizaje a una evaluación para el aprendizaje buscando mantener un
equilibrio, porque ambos tipos son importantes (Stiggins, 2002; Moreno, 2012).
Se
trata de una evaluación formativa, centrada tanto en procesos como en
productos, que considera la complejidad del aprendizaje; por tanto, prevé
distintos contenidos y los valora empleando diversas técnicas e instrumentos:
proyectos, resolución de problemas, estudio de casos, ensayos, reportes de
investigación, presentaciones orales, portafolio de evidencias, rúbricas,
exámenes, entre otros, así como diversas modalidades de evaluación:
autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación.
En
definitiva, será una evaluación continua, integral y humana, que reconoce y
confía en la capacidad del estuduante para aprender y, además, le comunica esta
confianza en la interacción cotidiana.
BIBLIOGRAFIA.-
·
Moreno, T. (julio - diciembre, 2012) La
evaluación de competencias en educación. Sinéctica,
39. Recuperado de http://www.sinectica.iteso.mx/?seccion=articulo&lang=es&id=555_la_evaluacion_de_competencias_en_educacion
Escuela Universitaria de Turismo Iriarte,
adscrita a la Universidad de La Laguna
info@joseamartinez.com
info@joseamartinez.com
·
Página web del seminario de evaluación de
competencias: http://evaluacioncompetencias.blogspot.com/
Mtro. Guillermo Hinojosa
Rivero
Universidad
Iberoamericana Puebla.
Ponencia presentada en
el “1er congreso internacional de calidad y perspectivas de la educación
superior” 21 y 22 de noviembre 2006.
·
Mari Paz García Sanz
Dpto. MIDE Facultad de Educación. Universidad de Murcia Campus de Espinardo
30100 – Espinardo (Murcia) Email: maripaz@um.es
·
MARTA VÁZQUEZ-REINA - Las
competencias básicas en educación
·
El Enfoque por Competencias en la
Educación
Araceli
López Ortega farfan@cencar.udg.mx
aracelilopez@cucs.udg.mx
Pedro
Emiliano Farfán Flores
·
Universidad de Guadalajara
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