sábado, 12 de octubre de 2013

LA EVALUACIÓN DE COMPETENCIAS EN EDUCACIÓN SUPERIOR


 

RESUMEN

El presente Trabajo muestra la importancia de la evalucion de comptencias , misma que dentro del proceso enseñanza aprendizaje ayudan al estudiante y porfesores a nivel de educacion superior adquirir nuevas formas de pensar, nuevos hábitos y nuevas formas de relacionarse para conseguir los objetivos curriculares.
Modficando de esta manera lo que implica una enseñanza tradicional centrada exclusivamente en métodos expositivos y en contenidos teóricos, a un profesor debe ahora planificar, organizar y evaluar el proceso de enseñanza y aprendizaje de manera integrada con el estudiante, a quien tutela, orienta y guía a través de actividades diversas.
Buscando llegar o abordar una pedagogía multidireccional y diferenciada que posibilite al estudiante el desarrollo de competencias tanto cognitivas como sociales, con las que haga frente de forma efectiva a los diversos problemas actuales y futuros y de esta manera pueda satisfacer demandas complejas con coherencia y responasbilidad.

1.-  Concepto y enfoques de competencias

Según Tobón que menciona que:
“… el enfoque de las competencias posibilita una serie de elementos para gestionar la calidad de la formación desde el currículum, lo cual se concretiza en el seguimiento de un determinado modelo de gestión de la calidad, que asegure que cada uno de sus productos (perfiles, mallas, módulos, proyectos formativos, actividades de aprendizaje, etc.) tenga como mínimo cierto grado de calidad esperada, lo cual implica tener criterios claros de la calidad, sistematizar y registrar la información bajo pautas acordadas, revisar los productos en círculos de calidad, realizar auditorías para detectar fallas y superarlas… “
Es evidente que el lenguaje empleado por el autor denota su adscripción a un enfoque de las competencias de corte netamente empresarial.
Por su parte, Laura Frade, al referirse a la evaluación del desempeño, afirma que ésta “implica que tengamos dos pies cuando evaluamos, la evaluación formativa (de proceso) y la evaluación sumativa (de producto)”, lo que indica que las concibe como dos modalidades de evaluación separadas una de la otra y no como parte de un proceso integrado. Más adelante, al hablar de las características de lo que ella denomina evaluación del desempeño literalmente afirma:
La evaluación es objetiva ¿qué quiere decir objetiva?, que va a depender de instrumentos que me permitan identificar lo real, lo que existe, independientemente de la subjetividad, o sea yo no puedo evaluar aquello que es subjetivo ¿sí?, aquello que depende de mi propia interpretación, “¡ay!, me cae gordo, es mala onda, pues le pongo cinco”, no, yo tengo que evaluar lo objetivo, lo que se ve, lo real…
Estas palabras denotan que ella confunde calificación con evaluación, y subjetividad con arbitrariedad. Su rústica noción de la evaluación del aprendizaje al más puro enfoque conductista nos retrotrae a un lenguaje de décadas pasadas teóricamente superado.
La escuela del siglo XXI debe transitar de un modelo de pedagogía unidireccional centrado en la figura del profesor, cuya tarea principal ha sido la transmisión de conocimientos, hacia una pedagogía multidireccional y diferenciada que posibilite al alumno el desarrollo de una constelación de competencias tanto cognitivas como sociales, con las que haga frente de forma efectiva a los diversos problemas actuales (y futuros) caracterizados por ser abiertos, no estructurados y contradictorios, propios de la posmodernidad.
Una competencia incluye la capacidad para satisfacer demandas complejas, poniendo y movilizando recursos psicosociales; por ejemplo, la capacidad para comunicarse efectivamente es una competencia que podría extraer del individuo un conocimiento del lenguaje, habilidades prácticas de informática y actitudes hacia aquellos con los que se comunica.
Las competencias se aprenden, se construyen en el tiempo, no son algo dado, innato y estable. Tampoco son un patrimonio exclusivo de la escuela, hay algunas que atañe promover a otros agentes e instituciones sociales.

NO EXISTEN COMPETENCIAS SIN CONOCIMIENTOS.

Toda competencia implica una movilización de saberes. Si alguien posee conocimientos sobre un asunto, pero es incapaz de usarlos, se dice que no es competente. En cambio, alguien sí lo es cuando “aprende a hacer” algo y, además, es consciente de “por qué y para qué” lo hace (aprende a conocer) y puede comunicarlo de modo efectivo.
Un sujeto competente, entonces, es alguien que identifica varias opciones de respuesta y, además, sabe elegir el esquema de actuación correcto para resolver de forma efectiva y oportuna la situación-compleja que se le presenta, sea en su vida personal, social y laboral o profesional (Denyer, Furnémont, Poulain et al., 2007; Zabala y Arnau, 2008). Esta respuesta no puede ser simple ni mecánica o rutinaria, necesariamente tendrá que ser compleja, holística e integral, como lo son los problemas de la vida real (Rychen & Hersh, 2001 y 2006).
El sujeto competente debe responder empleando “toda su humanidad” y hacer una lectura correcta del contexto, porque las competencias siempre ocurren en un contexto (temporal y espacial) determinado y es sólo en ese marco que se pueden desarrollar y potenciar.
El concepto de competencias conlleva saber y saber hacer, teoría y práctica, conocimiento y acción, reflexión y acción; esto representa un cambio en el enfoque del conocimiento: del saber qué al saber cómo. En la práctica, esto desplaza el peso del currículo de los principios, del marco conceptual, a los métodos. Sin duda que el método es importante, pero no deja de ser mera cuestión técnica, variable dependiente de los principios y del marco conceptual, que le dan, dentro de la estructura que representa el currículo como un todo, sentido y significado (Álvarez, 2008).
2.- INTERPRETACIONES DEL CONCEPTO DE EVALUACIÓN.
Conviene aclarar dos diferentes usos del concepto de evaluación que tienden a confundirse en el campo de la educación. Por un lado puede entenderse como evaluación de los estudiantes. Por otro lado, podemos entenderlo como evaluación del programa educativo en sí o de la institución universitaria globalmente considerada.
En la evaluación de los estudiantes interesa saber los resultados individuales; con nombre y apellido. Su función más usual es la de asignar calificaciones a cada estudiante y decidir si avanzan o deben repetir el curso.
3.- EVALUACIÓN DE COMPETENCIAS DE LOS ESTUDIANTES
La función de la evaluación de los estudiantes que nos parece más valiosa no es la de calificar y aprobar o reprobar sino ofrecerles retroalimentación. La evaluación, cuantitativa, cualitativa o mixta es el medio por el cuál el profesor o los compañeros le hacen saber a un estudiante cómo va y qué es lo que tiene que corregir. Tiene poco sentido decírselo cuando ya  no puede corregir, al final del curso.
La evaluación en la ctualidad debe ser formativa, centrada tanto en procesos como en productos, que considera la complejidad del aprendizaje; por tanto, prevé distintos contenidos y los valora empleando diversas técnicas e instrumentos: proyectos, resolución de problemas, estudio de casos, ensayos, reportes de investigación, presentaciones orales, portafolio de evidencias, rúbricas, exámenes, entre otros, así como diversas modalidades de evaluación: autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación.
4.- TIPOS DE COMPETENCIAS.-
Podemos mencionar los siguientes tipos de competencias realcionados a los estudiantes.
COMPETENCIA EN COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA: La adquisición de esta competencia supone que el estudiante es capaz de utilizar correctamente el lenguaje tanto en la comunicación oral como escrita, y asimismo saber interpretarlo y comprenderlo en los diferentes contextos. Debe permitir al alumno formarse juicios críticos, generar ideas y adoptar decisiones. En el caso de lenguas extranjeras, significa poder comunicarse en alguna de ellas de modo que se enriquezcan las relaciones sociales y favorezcan el poder desenvolverse en contextos diferentes.
COMPETENCIA MATEMÁTICA: Supone poseer habilidad para utilizar y relacionar números, sus operaciones básicas y el razonamiento matemático para interpretar la información, ampliar conocimientos y resolver problemas tanto de la vida cotidiana como del mundo laboral

COMPETENCIA EN EL CONOCIMIENTO Y LA INTERACCIÓN CON EL MUNDO FÍSICO: Es la habilidad para desenvolverse de forma autónoma en distintos ámbitos como la salud, el consumo o la ciencia, de modo que se sepa analizar, interpretar y obtener conclusiones personales en un contexto en el que los avances científicos y tecnológicos están en continuo desarrollo.
TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN Y COMPETENCIA DIGITAL: Esta competencia se refiere a la capacidad del alumno para buscar, obtener, procesar y comunicar información y trasformarla en conocimiento. Esto supone habilidad para acceder a la información y transmitirla en diferentes soportes, así como hacer uso de los recursos tecnológicos para resolver problemas reales de modo eficiente.
COMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA: Entre las habilidades de esta competencia se incluyen el conocerse y valorarse, saber comunicarse en diferentes contextos, expresar las ideas propias y escuchar las ajenas, comprendiendo los diferentes puntos de vista y valorando tanto los intereses individuales como los de un grupo, en definitiva habilidades para participar activa y plenamente en la vida cívica.
COMPETENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA: Esta competencia se refiere a la capacidad de conocer, comprender, apreciar y valorar críticamente las distintas manifestaciones culturales o artísticas, así como saber emplear algunos recursos de la expresión artística para realizar creaciones propias.
COMPETENCIA PARA APRENDER A APRENDER: Se refiere al aprendizaje a lo largo de la vida, es decir a la habilidad de continuar aprendiendo de manera eficaz y autónoma una vez finalizada la etapa escolar. Esto implica, además de tener conciencia y control de las propias capacidades y conocimientos y estar debidamente motivado, el saber utilizar adecuadamente estrategias y técnicas de estudio.
AUTONOMÍA E INICIATIVA PERSONAL: Responsabilidad, perseverancia, autoestima, creatividad, autocrítica o control personal son algunas de las habilidades relacionadas con esta competencia, unas habilidades que permiten al estudiante tener una visión estratégica de los retos y oportunidades a los que se tiene que enfrentar a lo largo de su vida y le facilitan la toma de decisiones.
5.- COMPETENCIAS DEL PROFESOR UNIVERSITARIO PARA EL DESEMPEÑO DE SU NUEVO ROL.
Es evidente que la adopción de la propuesta pedagógica de la Educación Superior exige repensar y replantear el nuevo rol del profesor universitario, que ahora se convierte también en orientador y tutor. Y también el rol del alumno, conjuntamente, dadas las características del sistema. Y esto es así por más que algunos profesionales no quieran, no puedan o no sepan aceptarlo o llevarlo a cabo.
Siguiendo a Cano (2005), a continuación presentamos una comparativa entre las características de los procesos de enseñanza y aprendizaje.
ANTES
AHORA
el profesor enseñaba para adquirir contenidos
enseña para aprender
el alumno desarrollaba conocimientos
desarrolla competencias
el alumno aprendía escuchando
aprende haciendo
los apuntes constituían la única fuente
son sólo una guía orientadora
la información la manejaba sólo el profesor
también el alumno
la clase magistral era la única forma de enseñar
se genera saber
el alumno estaba solo ante el aprendizaje
coopera con otros formando grupos
el profesor dirigía a los alumnos
les orienta
la evaluación era sumativa y final
es formativa y de proceso
la metodología era sólo expositiva y textual
es activa y multimedia
el profesor era egocéntrico
parte del alumno
existía limitación metodológica
existe una gran variedad
el profesor innovaba a saltos
lo hace continuamente
se insistía y persuadía para memorizar
se piensa en resultados

El profesor universitario también se convierte ahora en un tutor de la materia que gestiona, en el marco del proceso de enseñanza y aprendizaje que dirige. Y en un orientador para el desarrollo de las competencias para la profesión y para la vida, en cooperación con otros profesores y con los responsables del servicio de orientación. Esto no quiere decir, en absoluto, que el profesor deba ser paternalista con todos los alumnos, o que deba hacer un trabajo que les corresponde a ellos. Tampoco un ser autoritario que enseña con “mano dura” a todos por igual, típico de épocas pasadas. En unos casos deberá ser más dirigente e iniciador, y en otros deberá ser más permisivo, siempre dadas unas circunstancias, unas situaciones y unos perfiles de estudiantes. Y todo ello al margen de los gustos y preferencias del profesor y de su forma de ser, y siempre porque eso que hace sea lo que corresponda hacer.
El profesor referente a la EVALUACION debera elaborar: Una prueba de evaluación inicial para comprobar los conocimientos previos o el dominio de los objetivos de la unidad, siempre referidos a las competencias (saber, saber hacer y saber ser y estar). Se deberán incluir los criterios de evaluación para determinar las actividades que cada alumno realizará.

6.- Consideraciones para un modelo evaluativo.-

Todo modelo de evaluación debe prever al menos los siguientes elementos: qué, cómo, cuándo, quién, para qué, por qué y qué hacer con los resultados. El qué, el cómo y el cuándo de la evaluación están establecidos, habitualmente, en el currículo formal; no ocurre lo mismo con los otros componentes del modelo, sobre todo se soslaya por qué evaluar y qué hacer con los resultados de la evaluación. Es más, lo acostumbrado es que ni siquiera se planteen estas cuestiones y, en caso de hacerlo, la respuesta suele ser banal.
Sin embargo, estos dos elementos son medulares y demandan del docente una postura crítica respecto a su tarea de evaluador. Ante la pregunta ¿por qué evaluar?, una respuesta superficial sería: porque es una exigencia institucional, ya que el sistema educativo requiere evidencias del rendimiento académico del alumno, las cuales se expresan mediante las calificaciones que se le otorgan. No obstante, esta no es la respuesta que cabría esperar de un profesor que asume su papel como un profesional comprometido con el aprendizaje de sus alumnos; parece más bien la contestación de alguien interesado en satisfacer las exigencias de rendición de cuentas del aparato burocrático administrativo. Una cuestión central que todo docente debería plantearse es: ¿al servicio de quién está la evaluación que practico? Una respuesta honesta le dará algunas pistas del por qué y para qué de la evaluación que realiza y, sobre todo, si ésta guarda alguna posibilidad de contribuir a enriquecer los logros de aprendizaje de sus alumnos.
En cuanto a la pregunta: ¿qué hacer con los resultados de la evaluación?, los datos son usados, generalmente, para informar y servir a intereses que están fuera de la escuela, con lo que se pierde la oportunidad de hacer de la evaluación un medio que contribuye a la mejora de la enseñanza y el aprendizaje. Otra cuestión nodal que el profesorado debería formularse es: ¿quién se beneficia de los resultados de la evaluación que practico? Es evidente que estas preguntas tienen fuertes implicaciones éticas que ningún docente como evaluador debería ignorar (Santos y Moreno, 2004; Moreno, 2011).

7.- CONCLUSIONES.-

La evaluación educativa, se caracterizada por un afán excesivo por medir los productos de aprendizaje descuidando los procesos; por atender primordialmente contenidos de corte cognoscitivo; centrada en el profesor como protagonista del proceso enseñanza-aprendizaje.
Se dice que Nadie puede adquirir las competencias por otro; porque sólo mediante su actuación “en contexto” el sujeto puede demostrar el grado de dominio que posee de las competencias logradas.
Hay que transitar de una evaluación del aprendizaje a una evaluación para el aprendizaje buscando mantener un equilibrio, porque ambos tipos son importantes (Stiggins, 2002; Moreno, 2012).
Se trata de una evaluación formativa, centrada tanto en procesos como en productos, que considera la complejidad del aprendizaje; por tanto, prevé distintos contenidos y los valora empleando diversas técnicas e instrumentos: proyectos, resolución de problemas, estudio de casos, ensayos, reportes de investigación, presentaciones orales, portafolio de evidencias, rúbricas, exámenes, entre otros, así como diversas modalidades de evaluación: autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación.
En definitiva, será una evaluación continua, integral y humana, que reconoce y confía en la capacidad del estuduante para aprender y, además, le comunica esta confianza en la interacción cotidiana.
BIBLIOGRAFIA.-
·                     Moreno, T. (julio - diciembre, 2012) La evaluación de competencias en educación. Sinéctica, 39. Recuperado de http://www.sinectica.iteso.mx/?seccion=articulo&lang=es&id=555_la_evaluacion_de_competencias_en_educacion
·                     José Alberto Martínez González (CV)
Escuela Universitaria de Turismo Iriarte, adscrita a la Universidad de La Laguna
info@joseamartinez.com
·                     Página web del seminario de evaluación de competencias: http://evaluacioncompetencias.blogspot.com/
Mtro. Guillermo Hinojosa Rivero
Universidad Iberoamericana Puebla.
Ponencia presentada en el “1er congreso internacional de calidad y perspectivas de la educación superior” 21 y 22 de noviembre 2006.
·                     Mari Paz García Sanz Dpto. MIDE Facultad de Educación. Universidad de Murcia Campus de Espinardo
30100 – Espinardo (Murcia) Email: maripaz@um.es
·                      MARTA VÁZQUEZ-REINA - Las competencias básicas en educación
·                     El Enfoque por Competencias en la Educación
Araceli López Ortega farfan@cencar.udg.mx
aracelilopez@cucs.udg.mx
Pedro Emiliano Farfán Flores
·                     Universidad de Guadalajara

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